La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) mantiene el compromiso de aumentar su gasto de seguridad y defensa adoptado en la Cumbre de Gales de 2014. Trump apostó, en su primera presidencia (2017-2021), por concretar aquel compromiso en el 4% del PIB. En el inicio de su segundo mandato (enero de 2025) subió ese tope al 5%. De entrada, la medida encontraría las reticencias de algunos aliados (Reino Unido, Francia, Italia, Canadá, Eslovaquia, Bélgica, y principalmente las de España, que acabaría descolgándose del compromiso de ese tope).
En la preparación de la siguiente cumbre atlantista (La Haya, 24-25.6.2025), el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, envió a sus 32 países miembros el borrador de la ponencia en la que se fijaba la exigencia de subir al 5% las partidas de seguridad y defensa, repartidas respectivamente entre el 1,5% y el 3,5% del presupuesto, según fuesen gastos militares o gastos civiles. El documento, suscrito también por España –aunque la mediación de Rutte facilitó una cláusula presupuestaria adicional que, bajo el compromiso de flexibilidad, permitía que la contribución española fuera solo del 2,1%--, respondía con esa merma a la exigencia inicial de Trump: el presidente norteamericano consideraba que Europa, se ha beneficiado parasitariamente del paraguas de la defensa común gracias al mayor peso del presupuesto atlantista de los Estados Unidos, y que, en su segundo mandato, tomaba la revancha mediante la aplicación de los aranceles al comercio exterior –hasta que el Tribunal Supremo de EEUU invalidó parcialmente dicha práctica el 23.2.2026-- con lo que lanzaba un mensaje nada amistoso e insolente a la Unión Europea. El objetivo del 5%, inicialmente establecido para 2030, sería aplazado al 2032 y quedó finalmente postergado a 2035 a petición de Italia y Reino Unido.
Por su parte, el presidente español, Pedro Sánchez, firmó el documento de aprobación del tope fijado a pesar de que lo considera inasumible por España. En la actualidad se propone adoptar de forma realista el 2,1% del PIB español concedido, conforme a la clásula de flexibilidad pactada individualmente. Considera Sánchez que el 5% supondría un coste en torno a los 80.000 millones de euros anuales --equivalentes a la mitad del gasto en pensiones-- que no está dispuesto a asumir porque perjudicaría el estado del bienestar español a costa, sobre todo, de las partidas de salud y educación. El mandatario español declara que no se propone «limitar las ambiciones de gasto de otros países, ni de obstruir el resultado de la cumbre», que tal como se ha hecho en otras ocasiones de disenso, la OTAN ha resuelto mediante fórmulas flexibles, capaces de convertir en opcional objetivos equiparables al 5% y eximir así de su cumplimiento a los disconformes: «Nosotros no podemos comprometernos a ello. No sería serio».
Sin embargo, en adelante esa objeción española se convertirá en blanco habitual de las pullas de Trump, que se acompañan de amenazas como el aumento de los aranceles exigidos a la importación de productos españoles –una medida imposible porque las negociaciones de tales productos se realizan de forma conjunta en Bruselas a través de las instituciones comunitarias-- o con la amenaza más radical de suspender el comercio con España, que según Trump es un «socio terrible» y que, a partir de la guerra añade, a su «falta de cooperación», la negativa del gobierno a que las bases americanas de Morón de la Frontera (Sevilla) y Rota (Cádiz) puedan ser usadas en las actuales misiones en la guerra que, junto a Israel, libra contra Irán.
El canciller alemán Friedrich Merz asiste impávido, el día 4 de marzo, a una diatriba de Trump contra el presidente español Pedro Sánchez, único líder de un país miembro de la OTAN que se niega a aumentar al 5% del PIB la contribución a los gastos de España en la defensa atlantista; la escena, transmitida por los telediarios de todo el mundo, discurre en el despacho oval de la Casa Blanca donde el visitante alemán, sentado a medio metro de Trump, asiente con el silencio a las palabras del anfitrión.
El director y presentador del programa «Al rojo vivo» de la Sexta, Antonio García Ferreras, sentenciará que “Merz estuvo lamentable, cobarde, le temblaban las piernas ante Donald Trump». Por su parte, Merz se justifica alegando ante la prensa «su temor a empeorar el espectáculo dado públicamente a propósito de unas críticas que, para un socio de la Unión Europea, debieran haber sido dadas en privado para que rectificara».