Peones negros y Luis del Pino

Caràcter ultradretà de les concentracions organitzades els dies 11 de cada mes per l'Asociación Nacional Peones Negros i la Plataforma Ciudadana Peones Negros, entitats promogudes per Luis de Pino, l'intel•lectual orgànic de la «teoria de la conspiració». Símbols feixistes, com la variant falangista de la salutació romana i les banderes nacionals amb l'àliga franquista, varen ser habituals en aquestes concentracions, que exigien l'aclariment de la veritat respecte als atemptats del 11-M i condemnaven la il•legitimitat d'un govern socialista que deien que havia dut a terme un autèntic cop d'estat per a fer-se amb el govern. Desmobilitzats el 2007, l'escissió dels Peones Negros Libres seguí manifestant-se els anys següents. A la foto de l'esquerra, una manifestant dels peones negres fa la salutació feixista en una concentració a la plaça de Sant Jaume de Barcelona (gener de 2007). A la foto de la dreta, Luis del Pino, darrere una pancarta dels peones negros durant una manifestació en contra de negociar amb ETA convocada a Madrid per la Asociación de Víctimas del Terrorismo.

[ En torno a los atentados del 11-M en Madrid ] 4. In memoriam Catilina (El PP en la teoría de la conspiración)

Lluís Cànovas Martí  /  2014

[ Vegeu també: En torno a los atentados del 11-M en Madrid: [1] Prolegómenos conclusivos para no ir a las palpentas / [2] El PP en la fragua de Vulcano (La mayoría absoluta 2000-2004) / [3] El PP ante los idus de marzo (La campaña electoral de 2004) / El estado de las autonomías (1978-2012) / Transición económica neoliberal (1982-2012) / Sobre la bipolarización del voto en las elecciones del 9-M (2008) / Un sistema electoral bajo crítica / Apuntes sobre políticas nacionales en la UE: España 2002-2004 / España 1999-2001 ]

En la coyuntura de 2004, el PP trató de deslegitimar desde el primer momento la victoria electoral socialista del 14 de marzo, que de momento atribuyó a la reacción emocional de los votantes ante los atentados que se habían registrado tres días antes en Madrid: el PSOE, por su parte, atribuía el vuelco electoral a la mala gestión que de lo sucedido había hecho el gobierno del PP, empecinado, según los socialistas, en atribuir a ETA unos atentados que a todas luces eran obra de un grupo yihadista; a su vez, los dirigentes populares se defendían de esa acusación afirmando que el PSOE y los medios de la izquierda habían manipulado los hechos para tergiversar el sentido de lo sucedido y lograr la caída del gobierno. Narciso Michavila, Guerra, terrorismo y elecciones: incidencia electoral de los atentados islamistas en Madrid, Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, Documento de Trabajo13/2005, 10 de marzo de 2005.

La controversia arrancaba así con dos puntos de vista antagónicos: por una parte, el convencimiento de que los atentados del 11-M eran la respuesta islamista a la participación del presidente José María Aznar en la llamada «cumbre de las Azores» La «cumbre de las Azores», celebrada el 16 de marzo de 2003 en ese archipiélago lusitano del Atlántico, fue la reunión que acordó los términos del últimátum de 24 horas dado al presidente iraquí Saddam Hussein para que desarmara a su país. En esa reunión, que tuvo como participantes el presidente estadounidense George W. Bush, el primer ministro británico Toni Blair, el presidente español José María Aznar y el primer ministro portugués, José Manuel Durao Barroso, anfitrión del encuentro, se fijó la fecha del comienzo de los bombardeos que, cuatro días más tarde, el 20 de marzo, abrieron el fuego de la guerra de Irak. y la consecuente decisión del gobierno español de intervenir militarmente en la guerra de Irak, como señalaron ya intuitivamente algunos observadores en los momentos inmediatos a los atentados y parecían confirmar los datos que se acumularon en los días siguientes; por otra parte, la convicción apriorística de que solo el terrorismo de ETA constituía una amenaza real para la estabilidad del estado, como se deducía de las informaciones sobre los atentados que facilitó el gobierno en los primeros días, sostuvieron más allá de lo razonable las líneas de investigación del Ministerio de Interior y destacados miembros de la dirección del PP, y como seguía creyendo, aún años después, una parte significativa de la población española, con especial relevancia las principales asociaciones de víctimas del terrorismo nacidas para defender los intereses de sus afiliados frente a los atentados de ETA. Según una encuesta de Publiscopio dada a conocer por el diario Público (29-10-2007) en vísperas de la sentencia judicial sobre el caso, el 15% de los españoles (34% de ellos votantes del PP y 30% lectores del diario El Mundo) seguía creyendo aún en en la implicación de ETA en los atentados del 11-M. Las contradicciones de esa controversia se mantenían, aunque con sordina, al cabo de diez años: «El buen pueblo español se dividió en 2004, y va para largo, en dos bandos que encarnan las dos Españas de siempre», Santiago González, «Recuérdalo», El Mundo (12-3-2014). Un recurso argumental decimonónico que aplicado a esa presunta sinrazón del siglo XXI relacionaba tópicamente las causas de la controversia en relación con el mito de las dos Españas.

Más allá del dilema planteado, hubo, por supuesto, otras interpretaciones que se ciñeron al esquema de las teorías de la conspiración surgidas habitualmente de modo más o menos espontáneo en relación con la mayoría de aquellos acontecimientos que alteran el curso político. En los comienzos del siglo XXI, estas teorías encontraron un terreno favorable a la propagación a través de la red internet y parecieron ganar fuerza tras el impacto de los grandes atentados: 11-S (World Trade Center neoyorquino y Pentágono, en 2001), 11-M (trenes de cercanías de Madrid en 2004), 7-J (metro y un autobús urbano de Londres, en 2005), cerrados judicialmente todos ellos como atentados de signo yihadista.

Las teorías de la conspiración espontáneas

Respecto a los atentados del 11-M, la primera de las teorías publicadas que cabe adscribir a la categoría de las teorías conspiratorias espontáneas fue la del ufólogo Bruno Cardeñosa. Se perfiló en forma de un libro Bruno Cardeñosa, 11-M. Claves de una conspiración, Espejo de Tinta, Madrid, 2004. aparecido en las librerías en mayo de 2004, menos de dos meses después de los atentados. Las dudosas fuentes consultadas y la premura del tiempo extremadamente corto de que pudo disponer el autor para su investigación solo podían levantar la incredulidad. El fenómeno reproducía lo sucedido tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 (11-S) en Estados Unidos, que incluso antes de que fueran reivindicados dieron nacimiento a una teoría de la conspiración en la que el propio gobierno estadounidense aparecía como el principal sospechoso. En la misma dirección apuntaba al año siguiente el libro del francés Thierry Meyssan L'Effroyable Imposture, Carnot, París 2002. [Trad, ingl.: 9/11 The Big Lie, Carnot, 2003. Trad. esp.: La gran impostura. Ningún avión se estrelló en el Pentágono, La Esfera de los Libros, Madrid, 2004.], que atribuía la autoría del 11-S al complejo militar-industrial de Estados Unidos. En general las teorías conspiratorias se basan en un conjunto de sucesos aleatorios que convierten en pautas de interpretación significativas, tratando de confirmar juicios y prejuicios arraigados socialmente, los cuales acaban siendo, en tanto que tales, ampliamente asumidos como ciertos.

En 2006, algunos publicistas de la teoría de la conspiración del 11-S seguían hilvanando hipótesis. Por ejemplo, uno de ellos, el ex agente del MI5 británico David Shayler aventuraba al periodista Brendan O'Neill una nueva conjetura: «Sí, creo que los aviones no tuvieron nada que ver con el 11-S... La única explicación es que eran misiles rodeados por hologramas para que parecieran aviones... Si observa las imágenes fotograma a fotograma, verá un misil en forma de puro que impacta contra el World Trade Center. Sé que suena extraño, pero es lo que creo». Brendan O'Neill,«Meet the N o Planers», New Statesman (11.9.2006). Respecto a la hipótesis de los hologramas, el periodista Jon Ronson recordaba años después haber examinado un informe de la Academia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, «Nonlethal Weapons: Terms and References» [«Armas no letales: conceptos y fuentes»] Ronson no proporciona los datos especificos del informe, pero parece referirse al de Robert J. Bunker (ed.) «Nonlethal Weapons: Terms and References», Institute for National Security Studies, USAF Academy, Colorado, 1996, p. 15, en cuyo apartado K se refiere específicamente a los hologramas. en el que se señalaban «armas exóticas que estaban en fase de estudio o de desarrollo en el Departamento de Defensa», entre las cuales la utilización de imágenes holográficas de tropas y armas para amedrentar al enemigo haciéndole creer que se está enfrentando a fuerzas más numerosas. Jon Ronson, The Psychopath Test, Riverhead Books, Nueva York, 2011, p. 198. [Trad. esp.: ¿Es usted un psicópata?,Ed. B, Barcelona, 2012, p. 208.] También en la teoría de la conspiración española del 11-M se seguía años después hilvanando hipótesis...

La teoría de la conspiración del 11-M

Profundizando en la interpretación deslegitimadora de la versión socialista —que tras la toma de posesión del nuevo gobierno pasó a ser la versión oficial de lo sucedido—, al mes siguiente los medios de comunicación de la derecha dieron pábulo a la «teoría de la conspiración». La formulación de esa teoría —nunca reconocida como tal por esos medios, que así se sangraban en salud ante la inconsistencia de las elucubraciones aventuradas— permite hablar de dos planos conspirativos: en primer lugar, el de los hechos que los autores de los atentados llevaron a cabo para perpetrar la masacre y que resultarían probados ante las instancias judiciales, y en segundo lugar el que de forma indiciaria se habría fraguado a posteriori para tratar de implicar a la oposición socialista en el relato de lo sucedido (la teoría de la conspiración que es el objeto propiamente dicho de nuestro estudio).

La bibliografía disponible sobre el caso multiplica los interrogantes, haciendo bueno el aserto de la ciencia de la comunicación según la cual la multiplicación de informaciones respecto a una cuestión se convierte en un instrumento de desinformación que, al entrecuzar los argumentos con una suma de datos a menudo contradictorios, anula en la práctica la posibilidad de interpretar cabalmente lo sucedido. Véanse, respecto al tema, Luis del Pino, 11-M. Golpe de régimen, La Esfera de los Libros, Madrid, 2007; Enrique de Diego, Conspiranoia (De cómo El Mundo y la COPE mintieron y manipularon sobre el 11-M), Rambla Media, Barcelona, 2007; Fernando Reinares, ¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2014.

En la incertidumbre de las confusas horas que siguieron a los atentados, se producirían algunas declaraciones que la prensa iba a utilizar más tarde en apoyo de las tesis conspiracionistas: José Luis Rodriguez Zapatero, candidato del PSOE a la presidencia, habría especulado la misma noche del día 11, en una conversación telefónica con el director de El Mundo , Pedro J. Ramírez, sobre una posible joint-venture de ETA con terroristas islámicos: «Eso es lo que dice Felipe [González], que ha sido un trabajo por encargo de ETA. Sería la primera vez que pasa algo así». Tres años después, Pedro J. daría constancia de esa conversación en su periódico, Véase la carta al director de Pedro J. «La joint-venture», El Mundo, 15-4-2007. e inmediatamente Libertad Digital no dejaba escapar la oportunidad de hacerse eco del comentario y relacionarlo con una cita de un asesor de Zapatero, Javier Valenzuela, que había sido director general de Información Internacional, y acababa de publicar un libro Javier Valenzuela, Viajando con Zapatero, Debate, Madrid, 2007. en el que recordaba que «El presidente del gobierno suele admitir en privado que ganó las elecciones generales de 2004 gracias a los atentados del 11 de marzo». Extracto de Europa Press, «Confidencias publicadas por un ex asesor del presidente Zapatero, Javier Valenzuela, en un libro favorable a ZP», Libertad Digital (15-4-2007).

Desde luego, la supuesta relación de ETA con el triunfo electoral socialista del 14 de marzo era la premisa de una «teoría de la conspiración» a la que solo faltaba encontrar la cuadratura de los datos probatorios. A esa tarea de búsqueda se entregarían ininterrumpidamente los principales medios de la derecha española durante más de tres años, y de forma periódica, hasta bien avanzado 2013, algunos de sus protagonistas que no se resignaban a abandonarla definitivamente.

El papel de los medios de comunicación

Los principales instrumentos de la trama conspiratoria fueron los medios de comunicación. Puso en circulación la teoría conspiratoria el diario El Mundo bajo la dirección de Pedro J. Ramírez, quien, para desarrollar la hipótesis inicial, contó con la colaboración de su adjunto Casimiro García-Abadillo —nombrado al efecto vicedirector del medio— y un equipo en el que figuraron los periodistas Fernando Lázaro, Manuel Marraco, Antonio Rubio y Fernando Múgica. Este último, exdirector del Diario de Noticias de Navarra, miembro del equipo fundacional del periódico y colaborador del ufólogo J. J. Ramírez, fue quien abrió el fuego conspiracionista con un extenso artículo, «Los agujeros negros del 11-M», en cuyo primer párrafo se exponía una declaración de intenciones: «Han pasado ya 38 días desde los trágicos acontecimientos del 11-M. [...] El Mundo ha conversado, durante este tiempo, con fuentes de los distintos cuerpos de seguridad del Estado, testigos cercanos a los detenidos y analistas de varias embajadas para elaborar un laborioso puzle que abre horizontes inquietantes. En los días previos a las elecciones se preparaban, en secreto, golpes de mano espectaculares contra la cúpula de ETA. Durante el 11-M, y en los días posteriores, se manipularon informaciones, se desviaron pistas, se ocultaron datos vitales para el esclarecimiento de los hechos. Son los agujeros negros de unas jornadas que cambiaron, de una forma drástica e imprevisible, el rumbo político del país. Las flagrantes incongruencias de lo que hasta ahora se ha conocido deben dejar paso a la exigencia ineludible de que se llegue hasta el fondo de la verdad de todo lo que sucedió». Fernando Múgica, «Los agujeros negros del 11-M», El Mundo, 18-4-2004. Era el primero de la larga serie de 34 escritos que Múgica firmaría en ese diario entre el 18 de abril de 2004 y el 10 de septiembre de 2006 —un intervalo de casi dos años y medio— bajo el epígrafe común de aquel primer título. Ese primer artículo exponía también otro argumento que los analistas políticos del caso repetirían como un leitmotiv, en un ejercicio de sorprendente desmemoria inmediata que acabaría imponiéndose como un axioma: «el 10 de marzo, miércoles, el gobierno de José María Aznar está muy tranquilo. Sabe por todas las encuestas que cuatro días después va a ganar las elecciones».

El argumento falaz de las encuestas

La supuesta unanimidad de los sondeos y encuestas electorales recogida en el artículo de Múgica como un a priori contradice el resultado de los sondeos publicados durante la campaña, que señalan la progresiva reducción del porcentaje de votos que separa la intención de voto al PP y al PSOE. A título de ejemplo, en enero, un 10,7% favorable al PP (encuesta Sigma Dos para El Mundo), 6,1% (encuesta de Noxia para La Vanguardia); en febrero, 6,7% (encuesta del CIS), 5% (encuesta Demoscopia para ABC y Las Provincias); en marzo, 4,5% (Sigma Dos para El Mundo), en una desfalleciente ventaja del PP que corroboran otras encuestas publicadas en otros medios. Esa ventaja parece quedar claramente neutralizada en los últimos sondeos que se dan a conocer: 2,3% (Cadena SER), 2,3% (Demoscopia, para Tele 5) y 2,2% (Instituto Noxa, para La Vanguardia), publicados los tres el día 7 (fecha que, a siete días de los comicios, cierra el límite del período autorizado por la legislación española para la publicación de encuestas). Señalan esos últimos resultados la virtualidad del empate técnico de ambos partidos al arrojar una diferencia porcentual inferior al 2,5% de votos, que se sitúa en el intervalo de los datos técnicos que las encuestas admiten como margen de error en sus predicciones. Profundizando en esa tendencia, una encuesta de Sigma Dos del día 12, que por imperativo legal no pudo ser publicada y que se dio a conocer más tarde en una comunicación académica, Carlos Malo de Molina, «La matriz de transferencia de voto», comunicación presentada en el XIII Seminario de Investigaciones Políticas y Sociológicas, AEDEMO, Madrid, noviembre 2004. indicaba una diferencia de menos de un punto porcentual entre los dos principales partidos. Otras encuestas y sondeos daban resultados distintos, pero desde luego, en ningún caso, cabe hablar de unanimidad.

Esa pauta de interpretación equívoca devino un lugar común en la mayoría de los análisis electorales, donde a rebufo de la conmoción social causada por los atentados, proliferó una literatura sensacionalista basada en el morbo de la sangre y las intenciones de los desconocidos autores de la masacre. Las más de las veces, los analistas y tertulianos que tomaron la palabra en los días siguientes concluyeron que los atentados del día 11 habían dado la vuelta a unas encuestas que situaban al PP al borde de la mayoría absoluta. El libro de la periodista de TVE Rosa María Artal Rosa María Artal, 11-M/14-M. Onda expansiva, Espejo de Tinta, Madrid, 11 de abril 2014. seria representativo de la contradicción existente entre el texto de una obra que maneja sin propósito aparente los datos de algunas de las encuestas, y el mensaje de su editor, que resume en la contraportada del libro las conclusiones que trata de imponer falazmente: «El domingo (14-M) se vota y gana el PSOE en contra de las encuestas que situaban al borde de la mayoría absoluta al PP».

Consciente de la debilidad dolosa de su argumento sobre la «unanimidad de los sondeos», Múgica refuerza su relato con una cita de autoridad apócrifa: «El propio Felipe González lo declara en un círculo de íntimos esa misma tarde: “No tendrán la mayoría absoluta, pero [los populares] van a ganar las elecciones”». Incurre ahí el periodista en el error de ignorar los métodos de análisis propios de la demoscopia: la opinión mayoritaria de los encuestados era, efectivamente, que las elecciones de 2004 las iba a ganar el PP, pero la conclusión que de ese dato colige el periodista es contraria a la preceptiva demoscópica, según la cual la opinión expresada en las encuestas sobre lo que se cree que será el comportamiento de la gente no tiene por qué coincidir necesariamente con lo que la gente quiere, ya que uno de los mecanismos determinantes del voto es el mecanismo de acomodación a la «piel social», conforme al cual se tiende a expresar en público aquello que no contradice lo que se considera opinión mayoritaria. La investigadora alemana Elisabeth Noelle-Neumann —presidenta en 1978-1980 de la Asociación Mundial para el Estudio de la Opinión Pública— establece la teoría de la piel social en una obra de referencia de la demoscopia: La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social, Paidós, Barcelona, 1995.

No se detiene ahí Múgica, que en la larga serie de esos artículos sugería la existencia de oscuras vinculaciones de los socialistas con una supuesta trama golpista urdida para derrocar al gobierno del Partido Popular, y que, según el argumentario desarrollado a lo largo de las sucesivas entregas, habría contado con la participación de islamistas, etarras, delincuentes comunes, confidentes policiales, cuerpos de seguridad del estado, servicios de inteligencia extranjeros… En principio, una amalgama humana que entra en contradicción con el sentido común que avala el conocimiento disponible sobre años de prácticas terroristas.

Pero la tesis conspirativa servía a tres propósitos fundamentales que solo tangencialmente tenían que ver con lo sucedido: justificar la gestión del ministro Ángel Acebes al frente del Ministerio del Interior y los errores políticos de la dirección del PP en las circunstancias de aquellos atentados; explotar un argumento comercial que ahondaba en la morbosidad de las audiencias y era capaz de proporcionar ingresos sustanciales a las empresas de comunicación patrocinadoras, entregadas en aquel momento a una feroz lucha de los medios informativos de la derecha por la hegemonía del mercado; y mantener la tensión política necesaria al clima guerracivilista con que, algunos de sus protagonistas, desde la ultraderecha del PP, invocaban la necesidad urgente de barrer a la dirección de su partido para recuperar el gobierno.

La tesis de la teoría conspirativa fue ampliada con revelaciones de su propia cosecha por el periodista Luis del Pino en su blog «Los enigmas del 11-M», El conjunto de los artículos de este blog quedó recogido también en forma de libro: Luis del Pino, Los enigmas del 11-M. ¿Conspiración o negligencia?, Libros Libres, Madrid, 2006. Ese libro, que por el marasmo de los datos publicados en el blog se convirtió en un instrumento de confusión incluso para los mismos conspiracionistas, tuvo que ser depurado y convenientemente reorientado unos meses más tarde en un segundo libro firmado por el mismo autor: Las mentiras del 11-M. 192 falsedades sobre la mayor masacre terrorista que ha sufrido España, Libros Libres, Madrid, 2006. aparecido en Libertad Digital, diario en la red dirigido por Javier Rubio y que contó con la inmediata complicidad de dos de sus colaboradores, Javier Somalo y Dieter Brandau: en dos años, las «revelaciones» de Del Pino elevaron a 192 las supuestas contradicciones y mentiras sumariales contenidas en la instrucción del caso que la judicatura abrió tras los atentados: la instrucción judicial correspondió al juez Luis del Olmo de la Audiencia Nacional, que desde el comienzo se desenvolvió en medio del fuego cruzado entre los grandes partidos y las filtraciones de los medios informativos, mientras sobre el magistrado llovían todo tipo de acusaciones . Paralelamente, las conjeturas y datos proporcionados por Múgica y Del Pino eran asumidos y difundidos por distintos medios radiofónicos: la Cadena de Ondas Populares Españolas (COPE), de la Conferencia Episcopal, que controlaba Federico Jiménez Losantos, a través de los programas «La mañana», conducido por el propio Losantos; «La linterna», de César Vidal (que fue su director desde septiembre de 2004 hasta el verano de 2009), con Margarita Mayoral, Álvaro Fernández y Alicia García Blázquez en el equipo; y «Las tardes con Cristina», que presentaba Cristina López Schlichting; la emisora de radio madrileña City FM Radio (cerrada en 2009), que bajo la dirección de Juan Antonio Tirado y un equipo en el que figuraban Víctor Llano y Javier Oyarzábal, y con Del Pino como jefe de Investigación, se centraba en los programas «Tirado en la City», conducido por el mismo Tirado, y «Claves de actualidad», de Javier Castro Villacañas; la televisión autonómica Telemadrid, que dirigía Manuel Soriano, y un equipo con Rafael Barberá, como director de Comunicación, y Agustín de Grado, como director de Informativos, a través de los programas «Alto y claro», de Curri Valenzuela, y «Madrid opina», de Ernesto Sáenz de Buruaga; El Semanal Digital, dirigido por Antonio Martín Beaumont; la emisora de radio Intereconomía, a través de los programas de Antonio Jiménez y Xavier Horcajo, y de la tertulia nocturna «La espuela», dirigida por Carlos Dávila; el programa «Sin complejos» de esRadio, dirigido, desde septiembre de 2009, por Del Pino... La conspiración del 11-M iba a convertirse de ese modo en el tema estrella de tertulias afines varias animadas por caras conocidas de los medios televisivos, como Isabel Durán, Juan Carlos Girauta, Carmen Gurruchaga, Esther Palomera, Isabel San Sebastián, Carmen Tomás, Curry Valenzuela, César Vidal, Ignacio Villa... quienes en líneas generales asumieron el papel de publicistas de aquella tesis y, durante tres años y medio, la mantuvieron con especial ahínco desde sus respectivos medios y en todos los lugares donde fueron invitados a participar…

La Comisión de Investigación parlamentaria

Mientras los medios de comunicación favorables a la teoría conspiratoria aventaban el fuego informativo de lo que presentaban como contradicciones en la instrucción judicial e insinuaban —o denunciaban abiertamente— la supuesta existencia de ocultaciones sustraídas al conocimiento de la ciudadanía, en el Congreso de los Diputados la Comisión de Investigación sobre los atentados del 11-M —constituida el 27 de mayo de 2004 como la decimoséptima de las comisiones investigadoras impulsadas por el Congreso en sus 33 años de existencia— se convertía en la principal palestra del enfrentamiento partidario entre el PSOE y el PP. Los continuos rifirrafes en el seno de esta comisión evidenciaron la parcialidad aplicada en la marcha de la investigación y prefiguraban la esterilidad de los resultados que de ella cabía obtener.

Conforme al reglamento de la cámara y la aritmética de la legislatura, integraron la comisión cinco diputados socialistas (Ángel Martínez Sanjuán, como vicepresidente de la comisión, y Álvaro Cuesta, Antonio Hernando, Juan Luis Rascón y Gloria Rivero en calidad de vocales), cinco diputados populares (Ignacio Gil Lázaro, como secretario, y Alicia Castro, Jaime Ignacio del Burgo, Manuel Atencia y Vicente Martínez Pujalte como vocales) y un vocal en representación de cada uno de los restantes grupos parlamentarios: Joan Puig, de ERC; Jordi Jané, de CiU; Gaspar Llamazares, de IU; Emilo Olabarría, del PNV; y el aragonesista Juan Antonio Labordeta, del Grupo Mixto. El canario Paulino Rivero, de CC, ocupó la presidencia siguiendo la práctica consuetudinaria de depositar la responsabilidad del puesto en alguna fuerza minoritaria que, por su papel de partido-bisagra, fuese proclive a secundar las iniciativas de la mayoría y, al mismo tiempo, contribuyera con su presencia a reducir los recelos públicos respecto a la parcialidad de los grandes partidos en las resoluciones adoptadas.

Con esos mimbres, abordó la comisión el caso de los atentados del 11-M, y como había sucedido en las comisiones anteriores, las conclusiones del trabajo finalmente aprobadas por los comisionados serían una vez más las que acabaron imponiendo las mayorías parlamentarias, en ese caso representadas por el PSOE y sus aliados.

[...]

A propósito de lo sucedido en la comisión, Rivero subrayaría retrospectivamente que «las propuestas de los dos grandes partidos [...] quedaron tapadas por la batalla política [y que el] cómo y el porqué de los atentados quedó en entredicho por las posiciones tan enconadas que se mantuvieron», aunque, en descargo de la comisión, señalaría también que «se aprobaron casi doscientas recomendaciones para mejorar la seguridad sobre un terrorismo nuevo y desconocido [el terrorismo de raíz islamista]». Véase José María Irujo, «El partidismo ciega las comisiones de investigación», El País, 3-7-2012.

El proceso de comparecencias ante la comisión (6 de julio-15 de diciembre) registró las declaraciones de 57 personas. Entre ellas, resonaron con especial solemnidad las palabras sentenciosas pronunciadas el 29 de noviembre de 2004 por José María Aznar en la suya, que en clave de oráculo reafirmó la mano oculta de la organización vasca: «Los que idearon el 11-M no están ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas», lugares donde el imaginario colectivo situaba supuestamente la dirección ejecutiva de los grandes atentados yihadistas.

Otras 37 solicitudes de comparecencia que había solicitado el PP fueron rechazadas: uno de los aspectos de que iba a servirse el principal partido de la oposición para denunciar a posteriori el cierre en falso de la comisión. Grupo Popular, Propuestas para la reflexión de la Comisión del 11-M, Madrid, 5-4-2005. Y efectivamente, al revés político sufrido en la Comisión del 11-M, respondió el PP con el argumento del «cierre en falso». Nueve meses más tarde, uno de los vocales del grupo popular, Jaime Ignacio Del Burgo, insistiría en ello en forma de libro. Jaime Ignacio del Burgo, 11-M. Demasiadas preguntas sin respuesta, La Esfera de los Libros, Madrid, [febrero de] 2006. No era el autor un mero diputado, sino un significado dirigente de la Unión del Pueblo Navarro que durante años estuvo en el vórtice de todas las alianzas conservadoras de su región y había ocupado la presidencia de la Diputación Foral de Navarra en 1979-1984, período en el que esta comunidad registró el mayor número de atentados de ETA y durante el cual Del Burgo sería señalado como objetivo militar prioritario de los etarras. Diputado en el Congreso desde 1989, Del Burgo se incorporó al comité ejecutivo nacional del PP en 1993 por la libre designación de José María Aznar, fue su portavoz parlamentario en 1996 y, tras la debacle de 2004, ocupaba, además de su vocalía en la comisión sobre el 11-M, la vicepresidencia de la Comisión Constitucional del Congreso que había presidido en 2002-2004. Desde luego, Del Burgo no era un diputado del montón.

El 15 de marzo de 2006, la presentación del libro de Del Burgo, 11-M. Demasiadas preguntas sin respuesta, en la sede de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, en la Puerta del Sol, escenificaba la voluntad de relanzamiento de las tesis conspiracionistas que habían sido derrotadas políticamente con la aprobación en el Congreso de los Diputados de las conclusiones de la comisión investigadora. «Sobre el 11 de marzo de 2004», Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, VIII Legislatura, 2005, núm. 24, sesión núm. 50 (22-6-2005). Junto al autor del libro, figuraban exultantes en la mesa del acto la propia presidenta de la comunidad, Esperanza Aguirre, el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, su adjunto García-Abadillo y el portavoz del PP, Eduardo Zaplana. Se sentaban en la primera fila del público Acebes, Martínez Pujalte, Luis del Pino... Mostrose Zaplana especialmente desafiante en sus primeras palabras: «Algunos pensaban que cerrando la Comisión del 11-M pues se acababa la polémica y nos callaríamos. Y desde luego quiero decir hoy, para que me escuche todo el mundo, que jamás conseguirán este propósito». «11-M. El PP se desmarca de la teoría de la conspiración», Youtube (Subido el 30-10-2007).

En esta comisión Del Burgo asumió preferentemente centrarse en el tema de si el gobierno había o no mentido al informar a la opinión pública de la marcha de las investigaciones sobre la autoría de la masacre. Entre el público, Luis del Pino: “nadie se cree que los moritos de Lavapiés fueran capaces de actuar solos”. «La verdad sobre el 11-M», Youtube (Subido el 2-11-2006).

Fue el punto de partida de una nueva campaña para tratar de recuperar la iniciativa, tras la derrota sufrida en el seno de la comisión investigadora. El anuncio del relanzamiento podía leerse en un artículo de Libertad Digital, cuyo titular vaticinaba retador: «Telemadrid seguirá hablando del 11-M hasta que los ciudadanos conozcan la verdad».

El portavoz popular, Zaplana, exponía el 13 de septiembre de ese mismo año una retahíla de las supuestas contradicciones desveladas por la investigación, hilvanadas hasta ocho veces con el sonsonete «Cuesta creer...», que remataría invariablemente en todos los casos con la conclusión «...pero puede ser».

[...] La teoría de la conspiración consiguió también el inmediato apoyo de organizaciones cívicas en la periferia del PP, como la mayoritaria Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), que hasta 2008 presidiría Francisco José Alcaraz, y que en la nueva situación pudo disponer de la recién constituida Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, presidida por Ángeles Domínguez, que contaba entre sus afiliados al vicepresidente de la AVT, Gabriel Moris, y en la práctica se convirtió en una especie de franquicia de esta.

Los voceros de la conspiración se vieron reforzados además por nuevas entidades cívicas, como la Asociación Nacional Peones Negros, promovida por el mismo Luis del Pino, y una junta directiva en la que junto a este figuraban Francisco Barcones, Juan Manuel Blanco, Luis Miguel Rodríguez y tres de las víctimas de los atentados: Javier Gismero, Ángeles Pedraza y Virginia Prieto. Esta asociación dotaría de personalidad jurídica a la Plataforma Ciudadana Peones Negros, encargada de canalizar la movilización en la calle, especialmente en Madrid. Igualmente, el movimiento daría nacimiento a la plataforma Asociación 11-M Verdad y Justicia —con la que asumió la defensa legal de las tesis conspirativas— y tuvo como coordinador a Luis Miguel Rodríguez, quien a finales de marzo de 2007 encabezaría una escisión que condujo al nacimiento de los Peones Negros Libres. En el origen de esa disidencia se cuenta un enfrentamiento personalista de Rodríguez con Del Pino a propósito de la conveniencia de emplear el himno y la bandera nacionales en las concentraciones callejeras que para hacer oír su voz convocaban. Ahondando en esos matices diferenciales, acabaría jugando un papel decisivo la negativa de Rodríguez a desconvocar, como pretendía Del Pino, las concentraciones mensuales del día 11, una medida que los escisionistas interpretaban como la renuncia a los objetivos fundacionales.

Seguían todas esas asociaciones y plataformas las consignas de una estrategia de agitación y propaganda dirigida en primera instancia a desgastar al gobierno; pero también a poner en cintura a una dirección del PP cuarteada por la derrota electoral y que, falta de una centralidad que había sido indiscutida bajo el liderazgo de Aznar, ahora era escarnecida por Losantos desde la COPE, que se permitía llamar «maricomplejines» a Mariano Rajoy, el líder popular al que una parte de sus afiliados y votantes solo aceptaba a regañadientes porque lo consideraban débil y titubeante. Perfila si cabe más el sesgo ideológico de los peones negros sus aproximaciones a la también naciente Confederación Española de Policía (constituida en 2003), con la que convocaron conjuntamente movilizaciones en las que, entre saludos fascistas y símbolos del régimen franquista, la bandera nacional ondeó a placer con el águila imperial.

Los protagonistas de esa amalgama opositora, en el espectro político de la extrema derecha, contaron en muchos casos con la presencia de algunos de los tertulianos señalados. Así por ejemplo: en el segundo aniversario de los atentados, el colaborador de Libertad Digital Juan Carlos Girauta, que en plena etapa germinal de su actividad periodístico-política basculaba aún entre el Partido Popular (formación por la que se presentó a las elecciones municipales de 2003 en Castelló d'Empúries y al Parlamento de Catalunya, y en 2004 lo hizo como candidato para el Congreso de los Diputados) y el naciente Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía (al que se vincularía formalmente en 2009) y que fue el presentador y lector del manifiesto en la convocatoria de la plaza de Sant Jaume de Barcelona, Libertad Digital, 11-3-2006. una de las 29 concentraciones llevadas a cabo en España ese día por los peones negros; la de la periodista de la COPE Carmen Tomás, que el 11 de noviembre de ese mismo año, expandida ya la convocatoria a 36 ciudades, fue la presentadora en la concentración que tuvo lugar en la Torre de Cercanías de Atocha; y la de la pluriempleada periodista Isabel San Sebastián, presente ese mismo día en la plaza del Ayuntamiento de València, donde leyó el manifiesto de la convocatoria. «“11de cada mes”: noviembre de 2006», hhtp://www.peonesnegros.es. Los tertulianos de la conspiración, mostrando en general una empatía fuera de toda duda con la causa que defendían, jugaron además la baza política de las víctimas del terrorismo, ensalzándolas explícitamente a la categoría de conciencia moral de la nación. Negaron, sin embargo, esa cualidad ética a la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, que lejos de alinearse con las tesis conspirativas, apoyó la versión oficial del gobierno socialista y en la práctica rompió el monopolio de la AVT en la interlocución institucional con las administraciones, muy especialmente en el ámbito de la Justicia, lo que concitó la animadversión de las restantes asociaciones de víctimas. La promotora de esta asociación, Pilar Manjón —madre de David, uno de los fallecidos en los atentados—, fue blanco reiterado de esas tertulias y, en tanto que militante de Comisiones Obreras, estigmatizada de izquierdista y acusada por Losantos y César Vidal, desde la COPE, de no buscar la verdad sobre los atentados, sino de perseguir el único propósito de sentar a José María Aznar en el banquillo de los acusados: un exponente de la bajeza moral que a menudo presidía el desarrollo de esos debates tertulianos.

La depuración de tibios y renuentes

En los medios de comunicación de la derecha, el clima de linchamiento respecto a quienes en sus filas se opusieron —o simplemente se resistieron— a las directivas sobre la pretendida conspiración del 11-M condujo a que destacados profesionales, y no pocos, fueran marginados o cesados de sus puestos. Sucedió así en la COPE, donde el personal existente en 2004 quedó reducido a una cuarta parte al ser remodelada la redacción priorizando el criterio de las afinidades ideológicas: Jordi Rovira, «Crónica de una conspiración fallida», eldiario.es (9-3-2014). José Apezarena, periodista miembro del Opus Dei y conductor del programa nocturno, fue sustituido por su contertulio César Vidal; Blanca María Pol, jefa de Informativos, fue reemplazada por Ignacio Villa, al tiempo que otros miembros de la redacción, alarmados por lo que sucedía, se fueron preventivamente, como José Miguel Aspiroz (ante lo que él mismo definió como «limpieza étnica») y Miguel Ángel Marfull (a quien Villa había advertido amenazadoramente: «Tendrás que redimirte»). Jordi Rovira, «Crónica de una conspiración mediática», Capçalera, Col·legi de Periodistes de Catalunya, Especial 11-M (5-12-2007).

En Telemadrid, Javier del Bosque, jefe de la sección de Nacional desde septiembre de 2004, asumió con dedicación el entusiasmo que sobre la tesis conspirativa le transmitían su director general, Manuel Soriano, y la presidenta de la comunidad, Esperanza Aguirre; pero antes de un año abandonó el puesto ante la evidencia de la manipulación que se estaba llevando a cabo en la trastienda de la supuesta investigación. Un documental de la cadena madrileña emitido el 14 de marzo de 2005, Cuatro días que cambiaron España, del subdirector de Informativos José Antonio Ovies, motivó una nota pública de la redacción. Otros dos profesionales de la televisión autonómica madrileña, Pablo Sebastián, que se había negado a que su revista de prensa en «Diario de la Noche» se hiciera eco de las informaciones de El Mundo con relación al caso, dimitió en 2006 tras denunciar las presiones recibidas de Soriano, al igual que poco después dimitió también el presentador del programa, Germán Yanke, presionado por la propia Aguirre.

En El Mundo, las víctimas de la causa conspiratoria fueron algo más tardías, cuando ya en 2006 la teoría, exprimida hasta la saciedad, se había convertido en difícilmente creíble incluso para las propias huestes: Gumersindo Lafuente y Borja Echevarría, respectivamente director y subdirector de la versión digital del diario, acabaron removidos de sus puestos porque venían resistiéndose, o directamente negándose, a publicar aquellas noticias sobre el caso que, por inverosímiles, chirriaban por los cuatro costados. José Antonio Zarzalejos, La destitución. Historia de un periodismo imposible, Península, Barcelona, 2010, pp. 106-107.

Ese proceso de depuración interno con relación a los profesionales de los grandes grupos mediáticos renuentes a acatar la teoría de la conspiración se inscribía en la guerra más amplia por la hegemonía del mercado que libraban en ese momento los distintos medios de comunicación de la derecha española: Vocento (ABC y su red de diarios regionales), Libertad Digital, La Razón, COPE, El Mundo, Intereconomía... En Libertad Digital, por ejemplo, las dificultades financieras forzaron a que la junta de accionistas aprobara una ampliación de capital (9-9-2004) por valor de cinco millones de euros, medio millón de los cuales acabaron saliendo de las cuentas de la caja B del Partido Popular. La compra de ese paquete accionarial, que en diciembre puso fin a dos meses de reuniones, fue la primera de las operaciones llevadas a cabo por Ángel Acebes cuando reemplazó a Mariano Rajoy (15.10.2014) en la secretaría general del partido.

En ese contexto, una entente entre El Mundo, la COPE y Telemadrid para sostener la teoría de la conspiración y acechar a los medios que, como ABC, no la secundaban acabó comportando el cese de José Antonio Zarzalejos en la dirección del periódico: indicativo de las tensiones provocadas por aquellas tesis maximalistas en el gran diario de la derecha, que durante las dos legislaturas de gobierno del PP, y con Zarzalejos al frente, se había posicionado siempre en favor de las decisiones del presidente José María Aznar en todas las crisis de su mandato (ilegalización de Batasuna, huelga general de 2002, los conflictos abiertos en el exterior por los casos de Cuba, Perejil, la guerra de Irak...), pero ahora consideraba que la teoría de la conspiración era una «patraña».

Los puntos de mayor relieve en que se basaba la impugnación de la versión oficial del gobierno eran los siguientes: el explosivo utilizado en los atentados fue Titadyn, de uso habitual en los atentados de ETA, en contra de la versión oficial, que aseguraba que el explosivo utilizado fue Goma-2 ECO, que ETA había dejado de usar hacía años; Sobre este particular, véase el libro Titadyn. El informe científico del químico Iglesias (La Esfera de los Libros, Madrid, 2009), de Casimiro García-Abadillo y Antonio Iglesias, este último con una amplia carrera de perito judicial en explosivos de la Audiencia Nacional. según los partidarios de la tesis conspirativa, se habrían amañado pruebas el mismo día 11 para desviar la atención hacia falsas pistas islamistas supuestamente halladas en una furgoneta Kangoo aparcada en Alcalá de Henares (robada y con matrícula falsa, en la que una primera inspección policial no encontró nada y, tras el paso intermedio por dependencias policiales, fue remolcada a los hangares de la Unidad Central de Desactivación de Explosivos, donde apareció una casete de enseñanza coránica en árabe); también, según los conspiracionistas, se habría introducido como falsa prueba la mochila número 13 (encontrada en la estación de El Pozo y trasladada a la comisaría de Puente de Vallecas, donde de madrugada se descubrió su contenido) con Goma-2 ECO, un detonador y clavos y tuercas; e igualmente un teléfono móvil (localizado también en la mochila y con una tarjeta vendida en una tienda de Alcorcón, regentada por unos hindúes, que proveía a un locutorio de Lavapiés).

Según César Vidal, «El 12-M iba a amanecer con una serie de pruebas falsas colocadas para crear la impresión de que los autores del atentado han sido terroristas islámicos y, sobre todo, con una alianza de PRISA y la oposición para arrojar sobre el gobierno del PP la acusación de que han mentido a los ciudadanos para ocultar que la culpa de los atentados es suya por participar en la guerra de Irak». César Vidal, Mitos y falacias de la historia de España, Ediciones B, Barcelona, 2009, p. 317.

El ruido mediático-político respecto a la teoría de la conspiración prosiguió hasta que, sin la menor autocrítica o disculpa ante su audiencia, quienes la sostenían a través de los citados medios de comunicación hicieron mutis por el foro el último día de octubre de 2007, cuando la Audiencia Nacional leyó su sentencia sobre el caso 11-M, en la que no aparecía ningún indicio que vinculara a ETA con los 18 imputados que fueron declarados autores materiales de los atentados. A esas alturas, una pieza fundamental del núcleo duro que la puso en marcha, Fernando Múgica, aseguraba que hacía tiempo que la había abandonado en lo que respecta a la participación de ETA, y por su parte, Del Pino había desmovilizado ya el 10 de agosto de 2007 las concentraciones que desde agosto del año anterior sus peones negros llevaban realizando los días 11 de cada mes en Atocha. El líder del PP, Mariano Rajoy, se había desmarcado oficialmente de la tesis conspirativa en abril...

En el juicio, la tesis conspirativa había sido defendida por la defensa de dos de los imputados, Jamal Zougam y Basel Ghalyoun, ejercida por el abogado José Luis Abascal (habitual de las manifestaciones de los peones negros y del blog de Luis del Pino con el nick/alias «Bungo»), E. de Diego, op. cit., p. 184. quien no pudo evitar que sus clientes fueran condenados, respectivamente, a más de 40.000 años y 12 años de cárcel.[...]

[...] Ante la contundencia de un fallo judicial que contradecía las tesis de la teoría de la conspiración, el portavoz del PP, Eduardo Zaplana, adoptó un giro sintomático: «Solo conozco una teoría, la de la manipulación que hacen el PSOE y el gobierno con una sentencia inventada». Por su parte, Ángel Acebes afirmó: «El PP nunca ha sido responsable ni ha mantenido la teoría de la conspiración», una negación de las evidencias recogidas por los telediarios que levantaría ecos de indignación y no poca hilaridad. Como no podía ser menos respecto a una resolución judicial de esa trascendencia, el presidente del PP, Mariano Rajoy, que en abril se había desmarcado ya de la tesis conspirativa, expresó por su parte el «respeto» de su formación a la sentencia, aunque, sangrándose en salud ante lo que contradecía abiertamente el clima de sospechas que su partido había alentado durante esos años, adelantó que daría apoyo a «cualquier otra» investigación que permitiera «avanzar sin límites» en la acción de la Justicia, y justificó esta posición en que ocho de los imputados inicialmente como «inductores o autores intelectuales» no fueron finalmente condenados como tales.[...]

Pese al cauteloso giro que adoptó tras la sentencia, el PP volvió en 2011 a la carga sobre la teoría conspirativa a través de su vicesecretario de Política Autonómica y líder en Andalucía, Javier Arenas. Insistió este el 26 de enero en la participación etarra: «es casi imposible que un terrorismo foráneo intervenga en un país con terrorismo propio sin tener contacto». Declaraciones de Javier Arenas en la tertulia nocturna de Veo 7 Televisión, 26-1-2011. Al día siguiente, el vicesecretario de comunicación del PP, Esteban González Pons, apoyó la afirmación de Arenas, diciendo que «es una obviedad», al tiempo que aclaraba una vez más la postura oficial: «Hay una verdad oficial sobre el 11-M, pero que exista no quiere decir que no queden trozos de verdad por descubrir, y el PP quiere conocer hasta la última molécula. Lo raro no es que el Partido Popular quiera conocer la verdad del 11-M, sino que el PSOE no quiera». La portavoz socialista en el Senado, Carmela Silva, invertiría el sentido de lo declarado por Aznar ante la Comisión del Congreso, para replicar la nueva acometida conspiracionista de los populares: «Los que defienden las mentiras del 11-M están en Génova con Aznar, que es quien realmente manda en el PP». Un mes y medio después, en el séptimo aniversario de los atentados, la secretaria general del partido y presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, haría suyas las palabras de la sucesora de Alcaraz en la presidencia de la AVT, Ángeles Pedraza, pronunciadas durante el homenaje a las víctimas celebrado en el Bosque del Recuerdo madrileño: «Hoy no sabemos qué estalló en los trenes, ni quién colocó las bombas, ni lo más importante, quién ordenó la masacre».

Como un Guadiana emergente, la persecución conspiratoria se prolongaría en el tiempo a la manera de una vendetta que aprovechara el mínimo resquicio de otros casos para resarcirse en la frustración: así, tras el error policial en la identificación de los restos óseos de los niños del caso Bretón, desaparecidos tras ser incinerados por su padre en la finca cordobesa de Las Quemadillas, se señalaría la participación de quien había sido el comisario de la brigada científica, Miguel Ángel Santano: «más preocupado por cuestiones políticas que por su tarea profesional, como demostró en la manipulación de la investigación del 11-M». El Mundo, 27-8-2012.

Lluís Cànovas Martí, «4. In memoriam Catilina (El PP en la teoría de la conspiración)»[ En torno a los atentados del 11-M en Madrid ]